Cuestiones sobre la urbanidad. V
La urbanidad y la civilidad para los jóvenes en unas simples cuestiones.

Cuestiones sobre la urbanidad.
¿Aprueba Vd. la conducta de los alumnos soplones?
Al salir de la escuela, ¿qué deben hacer los niños bien criados?
¿Estamos obligados a respetar a nuestros Soberanos y a las demás autoridades que nos gobiernan?
¿Qué le parece a Vd. de aquellos niños insolentes que se mofan de los viejos y de los infelices estropeados?
¿Qué consideraciones son debidas a los mayores en edad y saber?
¿Cedería Vd. su asiento a una persona respetable que viese estar en pie?
Si un superior mal informado le reprendiese sin motivo, ¿se manifestaría Vd. ofendido?
¿Qué acciones bajas tienen que evitarse principalmente delante de los mayores?
Cuando se dirige la palabra a otra persona, ¿cuál debe ser el tono de la voz?
Cuestiones sobre la urbanidad
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Hay personas que con tal de agradar a los demás hacen o dicen cosas para ganarse su afecto y confianza.
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Si no os es dado libertaros de la conversación de semejantes gentes, abandonadles.
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Las personas en cuya casa se celebran, se sienten en la obligación indispensable de abrir su puerta a todo el mundo, indistintamente, por lo cual sus casas vienen a ser como lugares infames y públicos.
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Urbanidad de las distintas maneras distintas de hablar.
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La crítica amarga, acre y mordaz, degenera por lo común en personalidades, y saca enteramente de la esfera a que debe limitarse un hombre de buena sociedad.
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Los romanos tenían la costumbre de entregar al principio de la comida una nota de los manjares que se presentarían en la mesa.
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Una persona puede ser admirada y respetada por su comportamiento pero también por lo que tiene y por lo que es.
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Una de las economías mal entendidas y más perniciosas de que debe abstenerse toda ama de casa, es la de la falta de alumbrado.
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La limpieza en los vestidos no es la única condición que nos impone el aseo: es necesario que cuidemos además de no llevarlos rotos ni ajados.
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Antes de afligirnos de cualquier mal que creamos que nos amenaza, es menester que reflexionemos si es (verdaderamente) probable que semejante mal nos suceda.
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La urbanidad es una especie de túnica que envuelve las asperezas de nuestro carácter, embotándolas, y que impiden lleguen a herir a los demás.
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Ver todas las cosas con claridad perfecta, descubrir los móviles reales que se ocultan tras apariencias engañosas, encontrar el odio bajo la lisonja, la ruindad bajo mentida nobleza...

