Cuestiones sobre la urbanidad. X
La urbanidad y la civilidad para los jóvenes en unas simples cuestiones.

Cuestiones sobre la urbanidad.
¿Hay algunas acciones que reprueba el trato social?
¿No es también contrario a la cortesía el usar palabras indecentes?
¿Qué otras groserías debe evitar una persona bien criada?
¿Qué calificación merecen los que ríen sin motivo, o a grandes carcajadas?
¿La urbanidad no reprueba igualmente la pedantería?
¿Es conforme a la cortesía el clavar la vista en las personas, o desviarla enteramente de ellas?
¿Se tomará Vd. jamás la libertad de tocar objetos curiosos en una casa ajena sin permiso de su dueño?
¿No se opone a la urbanidad el desmentir abiertamente a una persona?
¿En qué defectos procurará Vd. no incurrir al conversar con un sujeto?
¿Cuáles son las ventajas que reporta a un joven la buena crianza?
Cuestiones sobre la urbanidad
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Hay quien tiene costumbre de tutear a sus criados, y no aprobamos semejante costumbre.
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La murmuración había de ser evitada, por principio, entre otras razones porque era augurio de malos presagios en las relaciones cívicas
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No se debe entrar en un lugar en el que haya personas de consideración, envuelto en el manto; en las casas de los príncipes se expondría uno a una reprensión, o incluso ser echado fuera
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Catón se arrepintió de haber pasado un dia entero sin haber hecho nada.
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Cuando se quiere dar o devolver alguna cosa a otros, hay que entregarla con prontitud.
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El hombre necesita vivir en sociedad, porque sin la cooperación de todos, ninguno podría conseguir ese conjunto de cosas útiles que hacen agradable la existencia
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Las bromas y los chistes que pueden llamarse las flores del talento han de ser delicados.
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Encontramos belleza en el cuerpo humano cuando vemos reunidas en él las cualidades más propias para ejecutar sus movimientos.
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El amo debe cuidar mucho de que las conversaciones sean graciosas y amenas, sin hacerse malignas ni mordaces.
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La obligaciones que todo hombre de bien tiene para consigo mismo.
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La cortesía prohibe hacer revivir o echar en cara a otro los vicios que un largo arrepentimiento ha borrado.
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Nada hay que comunique mayor grado de belleza y elegancia a cuanto nos concierne, que el aseo y la limpieza



