Maleducado. ¿Quién? ¿Yo?
La buena educación no es una cuestión baladí. A diario podemos comprobar que no todo el mundo es tan educado y amable como debería serlo

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La mala educación del vecino de enfrente
Todo el mundo es muy educado... pero de palabra
Resulta muy curioso comprobar como casi todo el mundo habla de la mala educación, pero poca gente se fija en uno mismo. Siempre lo hace mal el vecino de enfrente, pero casi nadie "ve la paja en el ojo propio". La mala educación no es un hecho aislado y puntual. Ser un maleducado es un comportamiento reiterado en el tiempo.
Hacer un experimento: tu vida en un día
Un buen experimento sería grabar durante un día completo, desde que uno se levanta de la cama por la mañana hasta que vuelve a ella por la noche. Sería una forma objetiva de comprobar cómo es el comportamiento en casa, con los vecinos, en la calle, en el trabajo, etcétera. Puede ser una manera de descubrir muchas cosas que una persona ignora -o no quiere ver- sobre sí misma, pero que sí ve y critica cuando lo hacen los demás.
¿Te sientes identificado con alguno de estos comportamientos?

Alexis
1. Te levantas y gruñes, no das ni los buenos días. Tener un "mal despertar" o haber dormido mal no es una excusa para no tener un mínimo de cortesía con las personas con las que convives. No cuesta nada dar los buenos días con una sonrisa, o al menos con una cara agradable.
2. Llamadas a cualquier hora. Tomas el teléfono y te pones a llamar sin mirar la hora a la que haces esas llamadas. Como tú ya te has levantado para ir a trabajar o eres madrugador, piensas que el resto de amigos o familiares también tienen tu mismo horario. No reparas en "molestar" a los demás, aunque no sea para cosas importantes.

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3. ¡Viva el silencio! ¿Pones la televisión a todo volumen mientras desayunas? ¿Sintonizas la radio y la pones a “todo trapo” mientras te duchas para escuchar bien tus canciones favoritas? ¿Cantas -por decir cantar- a "grito pelado" en la ducha? Este comportamiento y otros similares causan muchas molestias a tus vecinos, sobre todo a horas intempestivas –muy temprano o muy tarde-.
4. Portazos y taconeos. Sales de casa y con toda tu fuerza cierras la puerta blindada haciendo temblar, prácticamente, todo el edificio. No contento con eso, vas taconeando, cual bailaor de flamenco, por todo el pasillo y escaleras sin el menor cuidado. No es cuestión de andar de puntillas, pero tampoco de ponerle ritmo flamenco a la mañana, o a la noche.

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5. Hola, soy yo. Las visitas sorpresa están bien para un programa de televisión que busca "impactar" con su inesperada presencia. Visitan a una persona a la que quieren decir algo, o a la que quieren transmitir un mensaje. Pero una visita sorpresa no es nada agradecida cuando la haces tú. Presentarte en casa de unos amigos o familiares sin avisar es un verdadero incordio. Incluso, puedes poner en un compromiso a tus amigos o familiares. Las personas a las que visitas pueden tener unos planes que cumplir: salir de compras, ir al cine, salir de viaje, preparar una comida, estar atendiendo otra visita, estar trabajando, etcétera.
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6. "Radiar" las conversaciones. Suena tu teléfono móvil y da lo mismo que vayas en metro, en autobús que andando por la calle, tu conversación la escuchan muchas personas en cien metros a la redonda. No por gritar más, se escucha mejor. Si hay mala cobertura deja la llamada para más tarde. Si es importante, por favor, hablar un poco más bajito. A nadie, o casi nadie, le interesa tu vida sentimental, tus problemas en el trabajo o el aviso de que puedes pasar por la tintorería a recoger esa prenda de ropa que dejaste a limpiar hace dos días.

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7. Bueno, total por media hora. La puntualidad no es tu fuerte, y te crees que el tiempo de los demás no es valioso. Eres lo que hemos dado llamar un "ladrón del tiempo". “Robas” el tiempo de los demás llegando tarde a tus citas. La puntualidad no solo es "cortesía de reyes" sino una necesidad vital para no perder algo que es tan irrecuperable y valioso como el tiempo.
8. Pasota, pero con los demás. Eres de los que necesita una respuesta inmediata a una llamada, a un mensaje, a un whatsapp, etcétera. Tú eres el centro del mundo, pero las demás personas con las que te relacionas, no. Te importan bastante poco los demás. No contestas a las llamadas, a los whatsapps, etcétera.
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9. Un energúmeno al volante. Al entrar en el coche sufres esa transformación tan habitual en muchos conductores. Sacas todos tus "buenos modales" dedicando todo tipo de gritos, improperios y palabrotas –acompañados, en ocasiones, con algunos gestos obscenos y groseros- con cualquiera que se cruce en tu camino, bien sean unos peatones, o bien otros conductores que te están poniendo de los nervios.

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10. Con la boca llena. Tienes poco tiempo para comer, lo sabemos. Pero no puede ser una excusa para ir chorreando salsa por los labios mientras corres a toda prisa camino de la oficina. O comes como si no hubiera un mañana, y dejas ver que masticas muy bien los alimentos con un abrir y cerrar de la boca que deja ver al resto de personas hasta las muelas del juicio.
11. Hora del cigarro o de un capricho. Terminas de tomar un café a media mañana o de comer, y abres tranquilamente tu paquete de tabaco, tu chocolatina, tu lata de refresco o tu paquete de chicles y todo el envoltorio al suelo. Funda de plástico, cartoncillo, envoltorio, etcétera, todo al suelo. Total, tenemos servicio público de limpieza, para que preocuparse si se ensucia un poco la calle. Por supuesto, al terminar de fumar el cigarrillo, también la colilla va al suelo. O cuando el chicle ya no tiene mucho sabor, también lo tiras al suelo.

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12. A última hora. Aunque no sales tarde de trabajar tienes la "buena" costumbre de ir a las tiendas unos minutos antes de cerrar. El típico cliente de última hora. Y además, no solo vas a comprar una cosita de nada, ¡qué va!, estás un buen rato para hacer tu compra, sobre todo cuando se trata de un supermercado. Tu sales a tu hora; al resto de trabajadores también les gusta salir a su hora y terminar su jornada laboral a tiempo para disfrutar de su tiempo libre. ¡Un poco de consideración!
De vuelta a casa podríamos hacer un recorrido similar al que hemos relatado, seguramente, con unos comportamientos tan educados, amables y generosos. El día da para mucho cuando somos un 'dechado' de cortesía y buenas maneras.

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Como hemos dicho al principio con mucha facilidad vemos los malos comportamientos y "errores" en los demás, pero no nos damos cuenta que muchos de ellos los cometemos nosotros. Quién no ha dicho alguna vez una frase parecida a esta: ¡Qué vecino tan maleducado! ¡Qué forma de gritar por el teléfono! ¡Qué asco, comiendo con la boca abierta! ¡Vaya carácter que tiene ese conductor! ¡Será cerdo, tirando esos envoltorios al suelo!, etcétera.
Cuidado, porque a lo mejor lo dicen de nosotros, aunque no lo podamos escuchar, en más de una ocasión. No todo lo malo lo hace siempre "el vecino de enfrente".
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