las diferentes especies de reuniones. I.
Cuando queramos dar una reunión, convidaremos verbalmente a las personas de nuestra confianza, y por escrito a las de etiqueta.

De las diferentes especies de reuniones.
Cuando queramos dar una reunión, convidaremos verbalmente a las personas de nuestra confianza, y por escrito a las de etiqueta.
Las señoras no pueden ser invitadas sino por otras señoras, o por un caballero casado en unión de su esposa. Sin embargo, pueden aceptarse sin desdoro las que hagan corporaciones respetables.
Deben hacerse las invitaciones con tiempo, a menos que no sea una reunión muy familiar.
En las reuniones pequeñas, procuraremos que todos los amigos estén relacionados entre sí, y no haya ninguna desavenencia que los separe, porque de este modo estamos seguros de que reinarán la franqueza y el buen humor.
A la hora señalada, la señora procurará estar vestida y en la sala principal, para recibir a las personas que vayan llegando.
Los dueños de la casa colmarán de obsequios indistintamente a todas las personas que los han favorecido.
Uno de sus principales cuidados consistirá en colocar a los convidadosde modo, que los conocidos estén juntos, y así reine en la sala aquella animación que demuestra el buen tacto de sus dueños.
Cuando el señor o la señora rueguen a una joven a cantar o tocar, le ofrecerán el brazo para conducirla al piano, y lo mismo harán para que regrese a su asiento.
En cuanto a los invitados a que canten o toquen, si tienen intención de hacerlo, es preciso que no se hagan rogar mucho , porque esto disminuye el mérito de lo que se hace, y da idea de un carácter poco amable o melindroso.
Además, nadie deja de conocer que esto es una farsa inútil para hacerse valer, pues desde el momento que se concluye por hacerlo, es prueba que se llevaba esta intención, y el disgusto que causan sus reticencias amengua el placer que podamos experimentar al ver su habilidad.
Esto no es decir que se presten al instante; pero el condescender después de una modesta negativa, realzará mucho el mérito de lo que se ejecute.
Otro consejo importantísimo, a nuestro modo de ver, vamos a dar a los que posean alguna habilidad, y este es que las piezas que ejecuten sean lo más cortas posible, porque lo poco malo puede sernos agradable, pero lo mucho, por bueno que sea, acabará siempre por fastidiarnos.
También debemos ser sumamente sobrios en el número de piezas que ejecutemos, tanto en nuestra casa como en la ajena, y tengamos presente que nunca parece bueno lo que se prodiga mucho.
Aunque sea muy feo hacerse rogar, también lo es demostrar un excesivo afán de ocupar la atención general, y estar, como quien dice, siempre en escena.
Los amos de casa tendrán mucho, cuidado de que cuantos hayan de tomar parte alternen y luzcan sus talentos, procurando que aunque se premie con aplausos el mérito superior, no se deje a nadie desatendido.
Sería imperdonable, que una señora hubiese sido invitada paras tocar o cantar, y regresase a su casa sin haberlo hecho, a no mediar un gravísimo inconveniente, y la señora de la casa en que esto aconteciese, sería muy justamente tildada de grosera.
Los dueños de casa han de tener presente que las personas a quienes hayan invitado para amenizar su reunión han debido incomodarse mucho, y tal vez estudiar para hacerlo, y que es preciso obsequiarlas con toda clase de atenciones.
Otro de los más importantes deberes del amo de casa es ser igual con todos, y no distinguir a nadie con una preferencia marcada.
Desde el momento que han hecho la invitación, todas las personas que concurra a su casa deben considerarse como iguales entre sí, y sufriría su amor propio si se vieran postergadas a otras de más categoría. Para la buena educación no existen las distinciones, y si una condesa estuviese al lado de la viuda de un militar, daría pruebas de muy poco tacto social la señora de la casa si tratase a la última con un marcado despego, y colmase de atenciones a la primera.
En cualquier otra parte podemos rendir todo el acatamiento que queramos a las personas de alta categoría; pero con todas aquellas a quienes recibimos en nuestra casa y se han dignado favorecernos, debemos mostrarnos perfectamente iguales.
Si en la reunión hubiese bufet, para pasar a él, la señora de la casa indicará a cada caballero la señora a quien debe conducir y obsequiar, dando la preferencia a las más respetables por su edad, o por su estado.
La marcha la cerrará siempre la señora de la casa.
Si la reunión fuese muy numerosa, los caballeros permanecerán de pie detrás de las señoras, cuidando de servirlas.
En las reuniones de menos etiqueta, se acostumbra que los criados pasen bandejas con helados, u otras bebidas propias de la estación.
La señora de la casa cuidará esmeradamente de que sean abundantes, y no se quede nadie sin tomar algo, y menos que el motivo de esto sea la escasez. En materia de obsequios, vale más no obsequiar, que obsequiar a medias, y la ruindad es una de las cosas que más se prestan a la murmuración.
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