Tarde veintiuna. De la escritura de las cartas.
No se debe exigir que todos sean buenos periodistas, pero sí que la forma de la letra sea clara y sin garabatos.

El Padre. - Todo el que tiene expedita la vista y la mano derecha puede escribir conforme le parezca; pero es preciso advertir que es una descortesía muy grande dirigir a quien quiera que sea una carta llena de garambainas y borrones. No se debe exigir que todos sean buenos periodistas, pero sí que la forma de la letra sea clara y sin garabatos, de modo que no se pierda tiempo en leer la carta. Algunas he visto yo de un personaje distinguido, que contenia asuntos de la mayor importancia y urgencia, que después de hora y media de trabajo penoso, no podíamos descifrarlas, no obstante que nos reuníamos tres amigos con este objeto.
Como diariamente ocurre escribir cartas, es muy importante saber escribirlas bien. Los descuidos en la ortografía y en el estilo no son perdonables en los hombres, y aun en las señoras parecen mal. El estilo epistolar debe ser conforme al asunto de que se trata. Supongamos, las cartas de comercio no deben contener más que lo que es absolutamente necesario, con expresiones y términos iguales a los que se emplearían si se tratase verbalmente del mismo asunto.
Un hijo debe escribir a su padre sencilla y respetuosamente, las expresiones alambicadas solo sirven para hacer reir. Un padre a su hijo amistosamente, de modo que le inspire confianza, a menos que no tenga que reprenderle, y aun entonces debe hacerlo mezclando la firmeza con el cariño.
Una carta de pésame no debe contener sino lo que es propio para mitigar el dolor, pero sin mezclar nada que huela a jocoso. Una de enhorabuena tiene por objeto manifestar el placer que siente la persona que escribe por fortuna, o feliz suceso de un amigo o conocido. Las expresiones afectuosas y amables sientan bien en estas cartas. En general todas ellas deben estar escritas de un modo sencillo y natural, presentando las ideas del mismo modo que las presentaríamos si estuviésemos hablando con aquellos a quienes escribimos. Corrección y concisión deben brillar en ellas. El estilo jocoso conviene solamente a dos amigos íntimos.
Los mejores modelos de cartas que puedo recomendaros son las de Cicerón a Ático y a sus amigos, y las de Plinio, entre los antiguos. Las de santa Teresa de Jesús, las tres cartas censorias del bachiller Pedro Rúa, las de Antonio Pérez, secretario de Felipe II, y las del P. José Francisco Isla (Nota 1) a su hermana y a su cuñado, entre los Españoles. Las de madama de Sevigné entre los Franceses; y entre los Ingleses las del lord Chesterfield, las de un pobre negro llamado Ignacio Sancho, escritas hace medio siglo a sus protectores y amigos, las del dean Swift, las del doctor Johnson y de otros varios. En las cartas del cardenal Ganganelli, después Clemente XIV, brillan la sencillez, la claridad, la dulzura, la tolerancia, y un saber profundo.
Nota 1. El autor de esta obra perdió en el segundo sitio de Zaragoza como una docena de cartas escritas a su padre D. Manuel de Urcullu, bajo el nombre de D. Próspero Leon de Montes, por el P. Isla, desde su destierro en Italia. Dichas cartas, entre las cuales habia algunas muy interesantes, nunca han sido publicadas, y probablemente se habrán perdido para siempre.
Es necesario saber las ceremonias y etiquetas corrientes, quiero decir, el papel que se ha de usar, el margen que se ha de poner, el lugar de la fecha, firma y ante firma, el modo de doblar la carta, de sellarla y poner el sobre (Nota 2).
Nota 2. Las cartas que se dirigen a países extranjeros deben escribirse en papel fino para evitar el recargo de los portes, si estos se regulan al peso. En Inglaterra donde los portes son excesivos, se paga por pliego entero, en tales términos que dos cuartillitas de papel separadas una de otra pagarían porte doble, al paso que un pliego de papel tan grande como el periódico de Londres el Times pagaría solamente el porte sencillo. En el día están todas las cartas arregladas a una tarifa uniforme y pagan dos peniques. Si hubiere mucho que escribir, vale más dejar un espacio en blanco para el sobrescrito, y empezar a escribir con tinta encarnada cruzando las lineas de tinta negra.
Si al tiempo de escribir la carta o el sobre cayere algún borrón, o mancha, se debe escribir otra, y si no hubiere tiempo, es absolutamente indispensable el pedir perdón de enviarla en semejantes términos. Todas estas menudencias, como suceden diariamente y pueden agradar o desagradar, merecen alguna consideración; el que no hace caso de ellas es tildado justamente de que falta al respeto que debe a los demás, por consiguiente, no debe extrañar que no se le guarden a él.
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