Urbanidad en el canto.
El canto es una diversión que no sólo está permitida, sino que es también muy honesta.

Urbanidad en el canto.
El canto es una diversión que no sólo está permitida, sino que es también muy honesta y puede ayudar en gran medida a recrear el espíritu de forma muy agradable y, al mismo tiempo, muy inocente.
Sin embargo, tanto la cortesía como la religión, exigen que el cristiano no se abandone a cantar todo tipo de canciones, y que procure particularmente no cantar canciones deshonestas ni ninguna cuya letra sea demasiado libre o con doble sentido.
En una palabra, para el cristiano es muy indecoroso cantar tonadas que inducen a la impiedad o en las que se exalten las comilonas, o aquellas cuyas expresiones y términos muestren que uno se ufana y halla sumo placer en darse a los excesos del vino; pues, aparte de que es de muy mal gusto tener tales palabras en la boca, podrían contribuir en gran manera a incitar a caer en esas clases de desórdenes, aunque actualmente no se tengan, ya que las canciones inspiran mucho más fácilmente al espíritu lo que contienen que las solas palabras.
Precisamente San Pablo nos indica en dos lugares distintos de sus epístolas que lo que deben cantar los cristianos son salmos, himnos y cánticos espirituales, y que deben cantarlos desde lo hondo del corazón y con gran devoción, porque encierran las alabanzas de Dios.
Ésas son, en efecto, las únicas melodías que se debieran oír en las casas de los cristianos, en las que el vicio y cuanto conduce a él no es menos contrario a la urbanidad que a las normas del Evangelio. Y en ellas no se debe oír cantar nada que no dé ocasión para alabar a Dios y que no lleve a la práctica del bien y al ejercicio de la virtud.
También era la costumbre de los antiguos patriarcas, que no componían cánticos sino para alabar a Dios o para agradecerle los beneficios que de Él habían recibido. Y de David, que compuso muchísimos, y los compuso todos para alabanza de Dios.
La Iglesia, que se los ha apropiado y que los canta todos los días, y que los pone en boca de los cristianos los días en que se reúnen solemnemente para tributar a Dios sus honores, parece invitarlos también a que los canten y a que los reciten con frecuencia en particular; y a los padres y madres a que se los enseñen a sus hijos.
Como estos sagrados cánticos se han traducido a nuestra lengua y se les ha puesto música, todos tienen comodidad y facilidad para poder cantarlos, y también para oírlos, y llenar la mente y el corazón con los santos afectos de que están repletos. En esto deberían encontrar los cristianos gran placer y verdadera diversión: en bendecir y alabar con frecuencia a Dios en su corazón.
La cortesía exige a quienes saben cantar o tocar algún instrumento, que no lo den a conocer nunca, que no den muestras de saberlo, y que jamás hablen de ello para atraerse la estima por este medio. Pero si llega a conocerse, y en la reunión alguien a quien se debe respeto o deferencia pide que se toque o se cante alguna pieza, sea para mostrar lo que se sabe, sea para divertir a la concurrencia, puede uno excusarse cortésmente, y de ordinario es lo más oportuno que debe hacer. Pero si dicha persona insiste y lo solicita, sería no saber comportarse si todavía se dudara en cantar o tocar el instrumento, tal como se le pide. Pues si sucediera que no se canta bien o no se toca con mucha maestría el instrumento, los concurrentes tendrían luego motivo para comentar que no valía la pena hacerse tanto de rogar; en cambio, quien accede de manera educada y sin excesiva demora, se pone a cubierto de cualquier reproche, o al menos no da motivos para ello.
Cuando uno se ve de esa forma obligado a cantar en público, hay que evitar toser y escupir; y hay que guardarse muy bien de alabarse y decir, por ejemplo: He aquí un bello paso, y ahora otro más bonito, fíjense en esta cadencia, etc. Eso resiente demasiado a vanidad y propia estima, y es indicio de que se presume demasiado. Tampoco es educado hacer determinados gestos que indican complacencia. Esto mismo es lo que no debe hacerse cuando se toca algún instrumento.
Cuando a uno le piden que cante o toque algún instrumento, no hay que hacer ni una cosa ni otra durante excesivo tiempo, pues hay que evitar hacerse fastidioso, y hay que terminar lo antes posible para no dar a nadie motivo para decir o pensar que ya es suficiente.
Decirlo sería una descortesía, si la persona que canta merece cierta consideración. Y también es gran descortesía interrumpir a una persona que está cantando.
Hay que tener mucho cuidado de no cantar nunca solo ni entre dientes, pues eso es muy descortés, en cualquier ocasión que se haga. No lo es menos remedar a una persona a quien se haya oído cantar, sea porque canta de nariz o por sus inflexiones de voz o porque usa modales indecorosos y desagradables. Eso es propio del farandulero o del comediante de teatro.
También resulta de muy mal gusto usar modos de cantar que sean groseros, afectados o raros.
El medio para cantar bien y de forma agradable es hacerlo de modo totalmente natural.
-
13569

Aviso Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia
Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte necesariamente este contenido, que se publica, únicamente, a título informativo
Su opinión es importante.
Participe y aporte su visión sobre este artículo, o ayude a otros usuarios con su conocimiento.
-
Si tenéis que alabar a una mujer sobre su belleza, frescura y dulzura de sus miradas, o sobre el conjunto de sus facciones, no lo hagáis jamás a expensas de otra.
-
En la Edad Media los lutos consistían en la manera de llevar los trajes más que en el color. Los reyes lo llevaban violeta y las reinas blanco.
-
La formar de trocear y servir algunas carnes y pescados tiene mucho que ver con la destreza de la persona que corta y sirve
-
El mismo estilo que se usa cuando se habla, debe emplearse siempre que se escribe una carta
-
Parece a primera vista que nuestras pasiones y vicios deben dañar solamente a nosotros mismos; pero al mismo tiempo que nos depravan, son funestos a los que nos rodean.
-
El estilo Luis XVI muestra solamente tentativas malsanas a una reforma y una decadencia que tienen por causa una desdichada imitación a la antigüedad.
-
Para vivir en casa ajena, se necesita mucha prudencia y tolerancia; pero que esto no sea hasta el extremo de mostrarnos esquivos a la cordialidad y franqueza.
-
El hombre honrado y amable lo es también en su casa; y entre su esposa y sus hijos es donde debe excederse su dulzura.
-
Debe, pues, alabarse a tiempo y con medida. Hay alabanzas tan excesivas que por lo mismo se declaran a sí mismas, convirtiéndose en sátiras.
-
Los tocadores más sencillos reemplazan el tapiz por el linoleum, y los armarios por simples tablas adosadas a las paredes.
-
Alzóse con el mundo la necedad, y si hay algo de sabiduría, es estulticia con la del cielo; pero el mayor necio es el que no se lo piensa y a todos los otros define.
-
Para hacer más concisas y menos voluminosas las cartas, se acostumbra muchas veces usar de algunas abreviaturas...

