Lección sobre la oratoria.
En la conversación tendrá mucha ventaja el que hable con propiedad y corrección, y el que haya adquirido una habitual y fluida elocuencia sobre aquellos que no hablen adecuada y elegantemente

Oratoria.
La oratoria o arte de hablar bien es útil en todas las situaciones de la vida, y absolutamente necesaria en muchas, como que el hombre no puede distinguirse sino por ella en el foro, en el púlpito y en las academias; hasta en la conversación tendrá mucha ventaja el que hable con propiedad y corrección, y el que haya adquirido una habitual y fluida elocuencia sobre aquellos que no hablen adecuada y elegantemente. El objeto de la oratoria es persuadir, y para conseguirlo no hay medio más seguro que el agradar; tú sabes que todo el que habla desea agradar a los que le escuchan, ganarles su atención, y persuadirles y atraerles a su proposición; y yo te digo, que nada de esto podrá conseguirse sin ayuda de la oratoria.
Todo hombre puede hacerse un mediano orador (cuando menos) con estudio y aplicación; porque la elocuencia no está más que en observación cuando se lee y, en cuidado, cuando se habla; pues todo el que quiera puede hacer elección de buenas voces y frases en vez de malas, puede hablar con propiedad, puede ser claro e inteligible en sus relaciones, puede tener en sus gestos y acciones naturalidad y desembarazo; por último, está en manos de cualquiera, poniendo cuidado, el hablar con agrado, dulzura y benevolencia, como todos sabemos hacerlo cuando nos acomoda lisonjear; y a la verdad que no hay trabajo más digno ni vanidad más bien puesta que el pretender aventajar a los demás en aquel punto en que los hombres más se diferencian de los brutos.
"Cualquiera idioma en que se explique una persona de educación, debe hacerlo con su mayor pureza y conforme a las reglas de su gramática"
Demóstenes creyó tan esencialmente preciso el hablar bien, que siendo por naturaleza balbuciente y de voz delgada, determinó superar tales desventajas a toda costa. El curó de su tartamudeo y logró hacer su lengua expedita, hablando siempre con piedrecitas en la boca; fortaleció sus pulmones, yéndose todos los días a gritar cuanto podía, ya a donde le resonara el eco, ya a la orilla del mar cuando estaba alborotado para hacerse a que su voz superara al murmullo de las asambleas populares de los Atenienses, a quienes debía perorar. Con tan extraordinario tesón y cuidado, y con el constante estudio de los mejores autores, se hizo el orador más famoso que antes y después se ha conocido en el mundo.
Cualquiera idioma en que se explique una persona de educación, debe hacerlo con su mayor pureza y conforme a las reglas de su gramática; porque no basta hablarle medianamente, sino como se ha escrito por los más célebres nacionales, y como le hablan aquellas personas de más nota, respecto a que el pueblo y los provinciales siempre le hablan mal, sea usando de expresiones vulgares y sin elegancia, o sea equivocando los géneros, números, casos y tiempos, o ya finalmente desfigurando las palabras de su verdadera ortografía y significado, que deben ser los primeros cuidados del que aprende una lengua, sea la suya propia u otra extraña.
Dice un proverbio, que el poeta nace y el orador se hace; porque para ser poeta se requiere un cierto fuego o entusiasmo y disposición natural; pero para formarse orador es suficiente el estudio, la aplicación, la lectura y el trabajo; por lo cual, yo no aconsejaré a nadie que se meta a poeta, y si a orador, seguro de que podrá conseguir esto, y tal vez, aquello no.
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