Saludos, cumplidos y visitas. VII.
No olvidéis que el desventurado tiene necesidad de hablar de sus desgracias, pues mientras derrama sus angustias en el pecho de los demás siente como se aligera su peso.

Los saludos, los cumplidos y las visitas.
Como nuestros placeres comunicados a los demás crecen y el disgusto disminuye, es claro el motivo porque el uso quiere que visitemos a nuestros semejantes en los días de prosperidad y de desgracias, para congratularse o dolerse de los males ajenos. Si el deber de congratulación es cumplido por ciento, el de dolerse es cumplido por uno; por lo tanto, me detendré en éste.
Observaré desde luego que un pésame muy tardío se convierte casi en un insulto, porque esta tardanza supone que manifestáis vuestro pesar, no por espontáneo afecto del ánimo, sino por temor de que se os vitupere el quebrantamiento del uso admitido. Como los embajadores de Troya se hubiesen presentado muy tarde a Augusto a fin de darle el pésame por la muerte de Druso, ofendido el emperador por semejante negligencia, les dijo: "También yo os doy el pésame por el dolor que os causa la muerte de Héctor".
Cuando Aristippo supo que su amigo Sócrates estaba condenado a beber la cicuta dejó de verlo, diciendo: "Si yo pudiese hacer pedazos sus grillos, volaría en su auxilio, mas no pudiendo servirle, me ahorro el dolor que me cansaría la contemplación de sus penas".
"El dolor se aletarga cuando se ocupa el ánimo en otra cosa"
Muchos son los que hablan como Aristippo y se manifiestan igualmente egoístas. En efecto, el hombre desgraciado, siente aliviarse el peso de sus desgracias en razón de las personas que le manifiestan interesarse por su suerte.
Los primeros momentos de dolor no admiten consuelo, por lo cual es oportuno dejar libre desahogo al llanto, pues no hay razón que baste a calmar el dolor cuando acaba de sufrirse una pérdida irreparable. No olvidéis que el desventurado tiene necesidad de hablar de sus desgracias, pues mientras derrama sus angustias en el pecho de los demás siente como se aligera su peso. Dejadle, pues, en libertad de repetir las cosas mismas sin manifestar el más mínimo desagrado, y aprovechad diestramente la ocasión de arrojar alguna gota de agua al fuego que lo devora. Un hijo, por ejemplo, se obstina en hablaros de la muerte de su madre, entonces encontraréis esa gota de agua en sus alabanzas, y con oportunidad probaréis a ofrecerle alguna distracción. El dolor se va aletargando poco a poco cuando está lejos la imagen, esto es, ocupando el ánimo en otra cosa.
Nadie quiere ser reputado como autor de sus propias desgracias, por lo cual es suma descortesía el dirigir reconvenciones al enfermo acerca de la causa de sus males, pues no se trata ahora de castigar su imprudencia sino de hacerle recobrar la salud, lo cual no se logra exasperándole; las reconvenciones deben reservarse para más tarde.
Es una descortesía presentarse con la apariencia de prosperidad delante de las personas profundamente afligidas, hablarles de placeres de que no participan y traer a su memoria destinos, dignidad, o poder que perdieron. En la Sofonisba de Alfieri, cuando Escipión recibe al vencido rey Sifax, dice a su guardia: "separaos, porque el ver mi cortejo sería un insulto para ese infeliz monarca".
Algunas veces la tristeza depende de causas físicas y necesita remedios físicos. En estos casos manifestar que ha reparado uno en la tristeza de otros, es aumentársela. Cuando estamos enfermos, los amigos, los parientes y los criados nos agravan con una solicitud excesiva. Sus mal disimuladas sorpresas, sus preguntas continuas, su importunísima tristeza, su hablarse al oído nos demuestran que estamos más enfermos de lo que creíamos y no nos dejan un momento para olvidarlo. La esperanza nos tenía fija en la mente la idea de la curación, y las lágrimas de los nuestros nos dicen que la esperanza nos engaña y que ya nos están preparando la sepultura.
Es una verdadera descortesía ser pródigo de consuelos inútiles, o de afecto dudoso, o muy lejano cuando el que sufre necesita remedios prontos.
-
9203

Aviso Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia
Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte necesariamente este contenido, que se publica, únicamente, a título informativo
Su opinión es importante.
Participe y aporte su visión sobre este artículo, o ayude a otros usuarios con su conocimiento.
-
Cuando el aburrimiento ha invadido a una persona, es perfectamente inútil tratar de ahuyentarlo con viajes, con diversiones, banquetes o lecturas
-
Cesados los peligros de las bellas, ya no fue necesario para ser admitido en estas tertulias, haber roto muchas lanzas en honor de una princesa o de una dama.
-
Cualquiera acción o dicho que voluntaria e ilegítimamente nos roba la estimación ajena o nos expone al desprecio, se llama injuria.
-
Una parte fundamental de la imagen, además del vestuario, es la higiene y el aseo personal.
-
Los postres dulces se sirven enteros en su mayoría. Las frutas depende, unas enteras, otras troceadas y otras acompañadas de algún dulce
-
Las señoras no se levantan ni para recibir ni para despedir a los caballeros; pero sí cuando entren o salgan otras señoras.
-
Nuestra patria es toda aquella extensión donde formamos con nuestros conciudadanos una gran sociedad de intereses y sentimientos nacionales
-
La moderación es la reguladora de los modales exteriores, así en el hombre como en la mujer.
-
La urbanidad en los saludos, los encuentros. Ceder el paso ante una puerta.
-
No hay que salir sin saludar y sin despedirse de los presentes.
-
Todo cuanto aprendas procura aprenderlo con cuanta más profundidad te sea posible. Los estudios superficiales producen casi siempre hombres medianos y presuntuosos.
-
Dedicatoria el niño Enrique de Borgoña.


