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Pequeños consejos que te harán fácil la vida de relación.

Cuando alguien está sentado a la mesa le surgen situaciones diversas que debe saber resolver.

Ediciones de la Sección Femenina, Departamento de Cultura. 1.955
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Convivencia Social. Formación Familiar y Social. Tercer curso.

1. Tienes servido un plato de pescado, y junto a él, cuatro cubiertos y otro plato con el pan. ¿Sabes cuáles de estos cubiertos debes utilizar?

2. Si coges el cuchillo y el tenedor grande, cometerás una falta, porque esos cubiertos están para cuando sea servido el plato de carne.

3. Es así como debes hacerlo: en la mano izquierda, el tenedor del pescado, y la paleta en la derecha, apartando primero la espina cobertora, que te facilitará la introducción de aquélla por la abertura, pudiendo sacar el filete completo siguiendo la línea de la espina.

4. Si carecieras de cubierto especial para pescado, usarás el tenedor de la carne, pero nunca el cuchillo para ayudarte, sino utilizando un pedacito de pan.

El lavafrutas ha sido colocado delante de vosotros, en el plato de postre, sobre un pañito o servilleta. Levantad primero el lavafrutas y después el pañito, y colocad ambos a vuestra izquierda.

Sirve, como su nombre indica, para lavar la fruta.

Conocida es ya de todos aquella anécdota de Isabel II sobre el uso del lavafrutas. Pero, a pesar de su mucha divulgación, no está de más recordarla hoy.

Presidía la reina de España una comida de gala en el Palacio de San Telmo, y se hallaba entre los invitados uno no muy enterado de los usos sociales; al servirle el criado el plato con el lavafrutas, se quedó con miedo, y tan desconcertado y tan azorado que, sin esperar a ver el uso que los demás hacían de aquel cacharro, para él desconocido, ni corto ni perezoso se lo bebió.

Hubo un momento de estupor por parte de los demás comensales, y ya corría por las mejillas de todos el temblor de la risa, cuando la reina, amable y campechana, dándose cuenta de la situación, solucionó el terrible trance imitando con igual cortesía la conducta de su invitado.

Cuenta la historia que los demás comensales, dándose por aludidos, hubieron de seguir la conducta que les señalaba la reina, bebiéndose también el agua de su enjuagador.

Para evitar escenas como la que acabamos de describir, os damos estos pequeños consejos sobre el uso del lavafrutas.

 

Nota
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