Casamientos por interés. El arte de agradar
Declaremos ante todo, redondamente y con entera franqueza, que el matrimonio realizado con el fin único y exclusivo de captar una fortuna y de disfrutar de goces y de comodidades...

foto base Free-Photos - Pixabya
Los matrimonios de conveniencia. Casarse por el interés
Aquella urbanidad
Todos los días y a toda hora, escuchando la referencia de un enlace efectuado o próximo a efectuarse, oímos como comentario insustituible la frase consabida de que el matrimonio a que se alude se hizo o va a hacerse "por el interés".
Persona de modesta posición que une su existencia a la de otra que le aventaje en bienes de fortuna, casi nunca se libra del sambenito de interesada.
Para los maldicientes, la unión no pudo ser consecuencia de afecto recíproco, de simpatía mutua, de cariño verdadero; fue, es y será, fatal y necesariamente, producto de cálculo desapasionado y frío, cuando no término de un negocio hábil y mezquinamente preparado. Ya es hora de acabar para siempre con insensatos prejuicios y con criterios hijos muchas veces de la irreflexión y en ocasiones de la envidia o de la mala fe.
Declaremos ante todo, redondamente y con entera franqueza, que el matrimonio realizado con el fin único y exclusivo de captar una fortuna y de disfrutar de goces y de comodidades comprados con el sacrificio de los sentimientos y con la humillación de la dignidad, resulta un ultraje infame hecho a la santidad de un sacramento, y una acción baja, despreciable y fea, reveladora de apetitos torpes y de pasiones censurables. Mas no es esta razón bastante para reprobar enlaces en los que uno de los contrayentes aventaja al otro en riquezas.
Te puede interesar: ¿Cuánto sabes sobre las bodas? Vestuario, invitados, regalos...
Si el rico sólo pudiera unirse con el rico, las herederas de los Morgan, Carnegie y Wanderbilt se verían, en plazo más o menos largo, condenadas a permanecer solteras.
El razonamiento único, que es piedra angular en este asunto, se concreta en los términos siguientes:
Quien se halle en vísperas de boda, pregúntese:
si mi prometido o mi prometida no tuviesen el caudal que tienen, y lo tuviese yo, ¿me casaría con igual satisfacción que voy a casarme?...
Si la respuesta es resueltamente afirmativa, no hay motivo para creer que se trata de efectuar un enlace interesado.
Si, por el contrario, al suponer invertidos los términos, surgiese la sombra de una duda, lo noble, lo correcto y lo digno es renunciar al negocio que se pretende disfrazar con el nombre de casamiento.
Reduzcamos más la cuestión. ¿Es censurable que, cegados por el cariño, se vaya a una unión sin mirar la escasez de medios de subsistencia y sin preocuparse de lo por venir? Sí, es censurable.
¿Es censurable que, dando por supuesta la existencia de cariño, se tenga en cuenta, al proyectar un matrimonio, la conveniencia de que el futuro o la futura posean un capital mayor o menor? Nada hay que censurar en ello.
Hay un deber moral que aconseja a todos la reflexión, y que a todos impone el cuidado de velar por las atenciones de la futura familia.
Te puede interesar: Celebrar una boda y su coste ¿Cuánto cuesta celebrar una boda? (con vídeo)
No tienen, moralmente, derecho los padres a sacrificar insensatamente a su voluntad el bienestar de los hijos. Cuando dispongan de elementos para subvenir a las más apremiantes necesidades, bien está que renuncien a lo superfluo y que hagan su casamiento sin previo cálculo.
Pero cuando se carece de términos hábiles para sufragar, no ya lo superfluo, sino lo perentorio, lo absolutamente indispensable, es obra de locos aumentar más esas necesidades, contraer más grandes obligaciones y echarse sobre los hombros una carga imposible de soportar por su enorme pesadez.
No faltará quien diga que, ajustando su conducta y su proceder a las líneas que trazadas quedan, resulta negada la posibilidad del matrimonio entre dos seres que, amándose entrañablemente, se encuentran en situación precaria.
¿Y qué ocurrirá con que esos seres no se casen?... Si de veras se quieren, preferirán vivir sin ser el uno agobio para el otro, y preferirán también morir sin ver realizadas sus amorosas aspiraciones a engendrar hijuelos que, como frutos de la conjunción de dos necesidades, sólo habían de tener la pobreza por patrimonio.
Importa no confundir la honrada previsión con el ansia de medro. Hace falta distinguir entre lo que es raciocinio cuerdo y lo que es afán de lucro.
Al dicho vulgar que, con romanticismo exagerado, nos habla del "contigo pan y cebolla", hay que oponer la lógica incontrovertible del adagio que, advirtiéndonos de lo futuro, exclama "antes que te cases mira lo que haces".
-
20407

Aviso Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia
Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte necesariamente este contenido, que se publica, únicamente, a título informativo
Su opinión es importante.
Participe y aporte su visión sobre este artículo, o ayude a otros usuarios con su conocimiento.
-
Hay hombres instruidos que hacen vanidad de su saber, hablando siempre en tono magistral, y decidiendo sin apelación.
-
Pensamientos y sentencias breves de carácter doctrinal que se proponen sobre los buenos modales y la urbanidad.
-
Si tenéis valor para hacer bien al que os ha hecho mal, respondo de vosotros; todas las demás virtudes os parecerán un juego.
-
El juego es una actividad social en el que las personas demuestran, como en la mesa, su buena o mala educación.
-
Es un error lastimoso, y en que jamás incurren las personas que poseen una educación perfecta, el creer que sea lícito conducirse en el templo con menos circunspección, respeto y compostura que en las casas de los hombres
-
Nunca hables contra todos los sujetos de una clase o especie, porque te puedes atraer un gran número de enemigos.
-
Cómo diseccionar aves tales como el pavo, la gallina, el capón, el pollo, el ganso, el pato, la polla de agua o gallineta, la cerceta, los pichones, el faisán, la perdiz, la becada, la codorniz, el zorzal, la cogujada, el hortolano, el picafigo, el
-
Llegados al término del viaje nada se deben los unos a los otros sino un saludo urbano, y algunos deseos lisonjeros.
-
Cuando ven los niños a otro más acariciado, más alabado y más premiado por los maestros y los padres, se consumen de envidia y de rabia.
-
La obligaciones que todo hombre de bien tiene para consigo mismo.
-
El servicio de los pescados, las aves, la langosta, las pastas y la fruta.
-
El lugar donde se debe poner el trozo de pan que se tiene para comer, es el lado izquierdo, junto al plato o sobre la servilleta.
