Manual de urbanidad.
No cree usted que ya se perdió el trato correcto entre familiares, pareja, colegas de trabajo y simples amigos, por la dinámica del mundo cambiante?

No intentamos hacerle la competencia a Manuel Antonio Carreño, con su manual de buenas maneras.
Tampoco me intento convertir en maestro de las reglas de cortesía para con las damas, los ancianos y nuestros superiores.
Pero, ¿no cree usted que ya se perdió el trato correcto entre familiares, pareja, colegas de trabajo y simples amigos, por la dinámica del mundo cambiante?
Con el pretexto de que vivimos en este inicio de siglo, olvidamos completamente la relación cordial.
"Sin el conocimiento y la práctica de las leyes que la moral prescribe, no puede haber entre los hombres ni paz, ni felicidad; y en vano pretenderíamos encontrar en otra fuente los verdaderos principios constitutivos y conservadores de la sociedad que nos proponemos estudiar, y las reglas que nos enseñan a conducirnos en ella con la decencia y moderación que distinguen al hombre civilizado y culto," se escribió en 1932.
Pero hoy creemos que el dinero es la base de los seres humanos; hoy olvidamos la virtud.
Pero hoy creemos que el poder es la reina de las capacidades del hombre; hoy olvidamos la humildad.
He hecho un alto en la información política y el análisis crítico para reflexionar con usted nuestro comportamiento.
El periodismo moderno y serio, obliga a que los que tenemos el privilegio de un micrófono compartamos aunque sea unos segundos, la maravilla de la educación en casa.
La dignidad personal, los modales suaves e insinuantes, el aseo del cuerpo, que revela en el hombre la candidez del alma, la sobriedad y la templanza, la discreción y la prudencia, la tolerancia y el constante cuidado, en suma, de complacer y jamás desagradar a los demás se ha ido de las casas mexicanas, para que el mundo extravagante de la televisión extranjera, invada la intimidad de nuestros hogares.
Una cosa es la modernidad, pero otra es que en México se esté acabando la cortesía. Ésta cortesía, hoy si la queremos, tenemos que comprarla en los restaurantes caros.
Los mexicanos nos diferenciamos de los demás habitantes de la tierra, por nuestros deberes religiosos, por nuestros deberes con nuestros padres, por nuestros deberes con la patria, por nuestros deberes con nuestros semejantes; pero los que vivimos en las grandes ciudades lo estamos perdiendo.
Hoy que inicia el fin de semana, lo invito a pensar en el México de unos años, si continuamos en el camino de la ceguera de las buenas maneras y la urbanidad.
Empezando por este reportero, hoy me dirigí a usted con otro lenguaje, y lo dejé descansar de las terribles noticias que atormentan al dolido México.
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