Urbanidad cuando alguien llega o se marcha.
Cuando la persona que llega merece cierto honor, siempre hay que dejar de hablar, o el juego, o cualquier otra cosa, y todos deben levantarse.

Urbanidad del modo como hay que proceder si alguien llega cuando se está en compañía o cuando alguno de los acompañantes se marcha.
Cuando se está en compañía y llega alguien hacia quien se debe guardar
consideración, si es persona superior a aquellas con quienes se está, hay que pedir modestamente permiso a los acompañantes para ir a presentarle sus respetos, y luego dejar a los acompañantes e ir a recibirlo.
Si esta persona es inferior, no se debe dejar a los presentes, sino que debe uno limitarse a levantarse cuando ella entra en el lugar en que se está y hacer una reverencia, o algún otro signo que denote cortesía.
En esta ocasión, cuando la persona que llega merece cierto honor, siempre hay que dejar de hablar, o el juego, o cualquier otra cosa, y todos deben levantarse, hacerle una reverencia y permanecer de pie y descubiertos hasta que dicha persona se haya sentado.
La cortesía requiere también que se le ofrezca el lugar debido a su rango, y que se le exponga, en pocas palabras, lo que se estaba diciendo o lo que se estaba haciendo antes de su llegada. Y eso debe hacerlo el dueño de la casa, o quien hubiera comenzado a hablar.
Si el que llega es alguien que tiene que hablar, se le puede hacer entrar; y cuando entre, aquel a quien va a hablar debe levantarse del asiento y recibirlo de pie y descubierto, incluso si se tratara de un sirviente que viniera a hablar de parte de una persona hacia la cual se debe tener respeto.
Cuando alguna persona sale y deja a los presentes, todos deben levantarse y hacerle sitio; y una vez que los presentes lo hayan saludado, de acuerdo con lo que su categoría exija, el dueño de la casa debe pedir a los presentes permiso para acompañarlo, en caso de que sea de mayor rango que los que se quedan; de lo contrario, sólo debe pedir disculpa al que sale, sin dejar a los presentes. La urbanidad no siempre exige acompañar al que sale en vez de quedarse con los que permanecen.
Cuando uno entra en una reunión de personas o sale de ella, no hay que pasar por el medio de los presentes o por delante de los que la forman; antes bien, una vez que se ha saludado a todos, hay que pasar por detrás, si se puede; si no se puede hacerlo con comodidad, hay que pasar por el medio, pidiendo disculpa e inclinándose ligeramente para saludar a los presentes.
Cuando alguien entra en un lugar donde haya un grupo de personas, si los demás se levantan y le muestran cortesía, es su deber saludar a los presentes, y no tomar ni el primer lugar ni el sitio de otro. Tampoco debe permitir que nadie del grupo le lleve una silla; debe, más bien, tomar el último lugar y escoger, si es posible, un asiento que sea inferior a los otros.
Sin embargo, si se lo fuerza a ocupar un lugar más honroso, no debe rehusarlo obstinadamente, sobre todo si entre los presentes no hay nadie de categoría mucho más alta que la suya.
Cuando alguien sale de una reunión de personas, debe hacerlo de manera muy educada, sin consentir que se interrumpa la charla ni lo que se hace, ni que los demás se levanten, ni que el dueño de la casa deje su sitio para acompañarlo, a menos que por cortesía no pueda impedirlo en absoluto.
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