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Curiosear también puede ser mala educación. En una comida, ¿te fijarías en la marca del plato... y preguntarías cuánto costó?

Hay gestos y preguntas que en la mesa no de pueden o no se deben hacer por educación

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Si quieres saber la marca de la vajilla, preguntas a los anfitriones
Los platos en la mesa no se tocan y se sacan de su sitio. Si quieres saber la marca de la vajilla, preguntas a los anfitriones

La regla no escrita de los invitados: ni mirar la marca en el plato ni  preguntar el precio en la mesa

Estás en casa de unos amigos a los que aprecias mucho. La mesa está puesta con un gusto exquisito, la luz natural es perfecta y el menú promete por lo que te han contado tus amigos. Dicen que son muy buenos cocineros. Sin embargo, justo antes de empezar a comer, a uno de los comensales le vence la curiosidad: agarra su plato, lo levanta y le da la vuelta para mirar la marca de la vajilla. Por si fuera poco, remata la jugada preguntando al anfitrión delante de todo el mundo: "¡Madre mía! Qué platos tan bonitos. ¿Cuánto te costó esta vajilla?".

En ese instante, un silencio incómodo recorre toda la mesa. Aunque la escena parezca sacada de una película, es una falta de educación muy común que combina la indiscreción con el mal gusto.

La tentación de inspeccionar el plato

Es natural apreciar las cosas bonitas. Un menaje elegante, una copa bien tallada o un cubierto con un peso adecuado entran por los ojos y alegran cualquier comida. Sin embargo, en el momento en que manipulas la vajilla como si estuvieras en un rastro o en un anticuario, rompes por completo la magia del momento.

Los platos no se tocan ni se giran: La vajilla está en la mesa para contener la comida, no para ser inspeccionada. Darle la vuelta para curiosear el sello o la marca del fabricante es un gesto fuera de lugar que demuestra mala educación y falta de delicadeza.

Si de verdad te gusta un objeto de la mesa, el momento de mencionarlo no es manoseando el plato, sino elogiando el conjunto con una frase amable hacia los anfitriones. Y si quieres, puedes preguntar al anfitrión por la marca de la vajilla, pero no por su precio. Pero, por favor, no les des la vuelta al plato.

Un tabú en la mesa: hablar de dinero

Si inspeccionar el reverso del plato es un tropiezo, acompañarlo con una pregunta sobre su precio es caer en la indiscreción total.

En la mesa —y en la vida social en general— las cuestiones de dinero son temas bastante tabú. Preguntar cuánto ha costado algo, especular sobre el valor de un regalo o presumir de lo que nos hemos gastado en un capricho genera incomodidad, comparaciones innecesarias y situaciones comprometidas para los presentes.

El verdadero valor no tiene precio: Un anfitrión prepara su casa para ofrecer su hospitalidad y compartir su tiempo, no para presumir de su casa o de los objetos que hay en la mesa o en la casa.

Consejo para ser el invitado bien educado

La próxima vez que te sientes a una mesa en casa ajena y algo llame tu atención por su belleza o calidad, recuerda esta sencilla regla: elogia el conjunto y mantén las manos quietas. Y no se te ocurra preguntar el precio.

Un simple "Tienes una mesa preciosa, gracias por recibirnos tan bien" transmite toda la admiración que necesitas expresar, dejando las marcas y los precios fuera de la conversación. Al final, el mejor ingrediente de cualquier comida siempre será el saber estar de los comensales.

 

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